LA GRAN INSTITUCIÓN QUE LO SOSTIENE TODO

 

POR GERARDO GARZA MELO

En un mundo cada vez más acelerado, tecnológico e individualista, hablar de la familia puede parecer, para algunos, un discurso nostálgico. Sin embargo, la familia sigue siendo —y seguirá siendo— la gran institución que sostiene el entramado social. No es solo el primer espacio donde aprendemos a amar, confiar y convivir; es también el lugar donde se forjan los valores, la identidad y la solidaridad que nos acompañan a lo largo de la vida.

La familia, en cualquiera de sus formas, es la primera escuela de vida. En ella aprendemos el sentido de pertenencia, la importancia del respeto y la fuerza de la empatía. En sus silencios y sus diálogos, en sus abrazos y diferencias, se cultiva el carácter. Las sociedades que fortalecen sus lazos familiares, fortalecen también sus cimientos.

Hoy más que nunca es necesario fomentar la unión, la convivencia y la solidaridad entre los miembros de cada hogar. En tiempos de crisis —económicas, sanitarias , morales y el embate nocivo del mal uso de las redes sociales — la familia ha demostrado ser el refugio más seguro, el pilar emocional y el sustento espiritual.

No se trata de idealizar a la familia, sino de reconocer su valor. Las tensiones internas son naturales, pero cuando hay diálogo, amor y voluntad, se transforman en oportunidades para crecer juntos.

Que no se nos olvide: una comunidad fuerte se construye desde adentro, y la familia es el primer núcleo donde florece o se desvanece el tejido social. Por eso, defenderla, cuidarla y nutrirla no es un deber del pasado, sino una urgencia del presente.

Hoy más que nunca, debemos volver la mirada al núcleo más sagrado de la sociedad: la familia. Honrarla, protegerla y agradecer por ella. Porque cuando todo parece derrumbarse, la familia —guiada por la fe en Dios— es la mano firme que nos sostiene.