En el gran circo de la administración municipal, hay veces que el acto no se monta en la pista central, sino que irrumpe desde el techo: cuando el agua no cae… sino que arrasa. Esta temporada, Saltillo no vio aplausos. Vio lodo. Las intensas lluvias volvieron a convertir calles en ríos, casas en presas y arroyos en bestias desbordadas. Y como cada año, quedó expuesta una verdad incómoda: el espectáculo se está ahogando.
El monstruo invencible: los arroyos
Los arroyos de Saltillo llevan años amordazados, encajonados y olvidados por debajo del concreto y la negligencia. El del Cuatro, en particular, es un viejo actor de reparto que cada año se roba la función con una inundación diferente. El problema no es nuevo. Lo nuevo es que por fin alguien decidió enfrentarlo. El alcalde Javier Díaz, en su papel de domador de riesgos, ha puesto en marcha el proceso para canalizar el Arroyo del Cuatro. No con discursos, sino con proyectos y presupuesto. La obra —largamente postergada— representa una apuesta seria por recuperar el control del agua antes de que ésta nos devore. En su discurso, “No más construcciones que tapen el paso del agua”.
Cuando el gobernador baja a la pista
El gobernador Manolo Jiménez, lejos de delegar, tomó la vara del maestro de pista y se metió al acto. Anunció la inversión conjunta para canalizar el arroyo, destacando la coordinación de los tres órdenes de gobierno. Sus palabras fueron claras: “La canalización del Arroyo del Cuatro es una prioridad. Ya tenemos el respaldo federal, estatal y municipal para arrancar esta obra que va a darle seguridad a miles de familias”. 200 millones de pesos, gestionados bajo el esquema de coinversión. No es poca cosa. Es una de las apuestas hidráulicas más importantes en décadas para Saltillo. Y no es maquillaje político: es estructura.
El alcalde toma la estafeta
Javier Díaz complementó el anuncio con precisión de equilibrista: “Como bien dijo el gobernador, hay disposición de meterle recursos del ISR para iniciar la canalización del Arroyo del Cuatro. Además, vamos a invertir otros 155 millones en obras pluviales estratégicas en puntos críticos de la ciudad.” No son discursos al vacío. Ya están calendarizados los trabajos para este mismo año. En zonas como Misión Cerritos, el agua dejará de ser amenaza para convertirse —si todo marcha como los elefantes— en recuerdo.
El rol pasivo de la CONAGUA
Pero mientras en la pista central se mueven, en las alturas del trapecio federal, la CONAGUA se balancea sin red… y sin compromiso. Años de omisión permitieron que decenas de familias se instalaran en márgenes federales de los arroyos, violando reglamentos sin que nadie interviniera. Hoy, esas decisiones cuestan vidas y patrimonio. La CONAGUA, en este número, no es protagonista: es cómplice silenciosa.
Seguirán las funciones bajo la lluvia
Las lluvias no piden permiso. Y la ciudad no puede seguir improvisando. Esta vez, la administración de Díaz ha dejado claro que no está dispuesta a cruzarse de brazos. La canalización del arroyo, las obras pluviales y el llamado urgente a la federación son apenas el primer acto. En este circo político, el reto no es hacer piruetas. Es evitar que la carpa colapse con cada tormenta. Y vemos al alcalde como equilibrista de pie sobre el caballo, si el acto se cumple, entonces sí: vendrán los aplausos. No por el espectáculo… sino por los resultados.
Esperemos que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos.





