La mentoría es una figura probablemente tan antigua como la propia humanidad, pues materialmente, todos hemos aprendido de otros con mucha más experiencia; y a la vez, hemos transmitido lo aprendido a los que menos experiencia tienen.
Tal cual la conocemos, tiene su origen en la Odisea de Homero, mediante la cual se relata como al partir Odiseo para Troya, encomendó a Méntor el cuidado de sus intereses en Ítaca y la educación de su hijo mientras duraba su ausencia.
Así es como el nombre Méntor, ha pasado a ser sinónimo de sabio o consejero o formador de personas, y ha sido ampliamente reconocido, por ejemplo, se encuentra el antecedente mediante el cual Aristóteles fungió como mentor de Alejandro Magno. A su vez se dice que Platón fue mentor de Aristóteles, y así subsecuentemente debe existir una amplia cadena infinita de enseñanzas y aprendizajes.
Eso en esencia es inmortalidad, ya que existen dos tipos de esta; la primera es la genética, es el código biológico que se va renovando a través de las generaciones; la segunda, mediante las practicas o valores que transmites a los demás cuando logras impactar su formación.
En la suma teológica de Santo Tomás de Aquino se explora la relación entre los actos humanos, los vicios y las virtudes que son inherentes a cada persona; y a título personal creo que es la mejor forma de ilustrar la constante lucha interior de todos, por lo que recobran importancia las personas que te orientan hacia el bien.
La rectitud es una atribución propia de los hombres con alta conciencia.
El liderazgo es una virtud que debe ejercerse con responsabilidad.
La fuerza debe usarse con medida para mantener el orden.
El amor no sirve de nada si no se demuestra.
La integridad es propia de caballeros, ya que es difícil de mantener en un mundo tan complicado.
La gratitud es un valor, pero a la vez, es el resultado directo de aquellos que la generan y ensamblan irrevocablemente en tu espíritu.
Hay personas que marcan tu desarrollo profesional y personal, con su particular forma de ser, con sus consejos, y con la fuerza que te pueden transmitir a raíz de sus enseñanzas. Con esos consejos que dan con tanta sencillez y que impactan tu vida de manera profunda.
En mi caso, llevo atesorados algunos consejos de un gran funcionario que me platicaba sus estrategias en materia de Seguridad, entre ellas sus anécdotas en su paso por el Estado Mayor Presidencial, o en la Federal de Caminos (Como cuando infraccionó a un Presidente); un empresario con formación Jesuita y alta visión de la justicia; pero sobre todo una gran persona, a quien siempre le agradeceré que inmerecidamente me ofreciera un lugar en su mesa, y me escuchara; pues sus palabras me han servido para entender mejor mis errores; y el camino para defender la ley, formar una buena familia, y ser un hombre de bien.
Siempre ha estado presente en mis decisiones don Javier Dávila Siller. Con tristeza y respeto, simplemente le digo gracias; deseando la pronta resignación de toda su familia.





