AVISO DE CURVA

México frente al neoimperialismo

La economía de México se encuentra comprometida frente a los embates de Donald Trump. Lo que es peor, la soberanía también está en riesgo a medida que se incrementan las exigencias militares y de seguridad fronteriza del mandatario estadounidense.

Como señaló el senador morenista Ricardo Monreal, las acciones de vigilancia mediante drones y aviones desplegados por las agencias de seguridad de Estados Unidos sobre territorio mexicano rozan el intervencionismo.

Aunque las autoridades mexicanas, encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, se mantienen firmes en no negociar con la soberanía, muchos se preguntan hasta dónde puede llegar ese estoicismo, ya que Trump ató un nudo que, entre más se estira, más aprieta.

El presidente norteamericano aprovecha que México llega debilitado a las negociaciones, pues está mostrando señales de desaceleración económica y altos índices de violencia. Claramente, utiliza su cruzada arancelaria para mezclar preocupaciones económicas con la política y la seguridad.

La estrategia del republicano es sofocar la capacidad de respuesta del gobierno mexicano. Someter y luego negociar. Trata a sus rivales, China y Rusia, mejor que a México, su principal socio comercial.

Trump se sirve del poder para amenazar. Quizás siga postergando los aranceles solo para infundir más temor. “Nunca he visto a nadie doblarse así”, reveló el magnate en 2019 mientras negociaba con López Obrador la militarización de las fronteras mexicanas.

Pero esto ya se sabía desde la campaña presidencial de 2016, cuando Trump ganó su primer mandato como presidente. La cuestión, por tanto, no es por qué el norteamericano hace lo que hace. La respuesta es obvia. Tampoco cabe preguntarse por qué el gobierno mexicano reacciona de determinada forma; ciertamente no hay muchas opciones.

Las preguntas que debemos hacernos en México son ¿por qué se han desvanecido los márgenes para negociar? ¿Por qué seguimos con una actitud dependiente y subordinada frente a un socio comercial? ¿Qué hemos dejado de hacer?

Estas cuestiones se discuten poco en el ámbito político, pero son comunes en los foros académicos. De hecho, recientemente, Arturo Oropeza, destacado investigador sobre desarrollo, industrialización y globalización de la UNAM, planteó las mismas preguntas en el seminario “Repensar la idea de América del Norte en los tiempos de Trump” organizado por el Colegio de México.

El maestro Oropeza hace un inventario de las capacidades que México ha dejado de desarrollar en el marco de las nuevas tendencias de la competitividad global. Ahí está, por ejemplo, la revolución digital y la economía del conocimiento, cuyos avances en nuestro país están en pañales.

La capacidad exportadora del país es limitada; los productos que ofrecemos al exterior no son propios, sino de las multinacionales, muchas de ellas norteamericanas.

Además, cegados por el apetitoso mercado estadounidense, dejamos de mirar hacia el sur global. Estamos solos, pues no construimos alianzas de negocios y de cooperación con otros países latinoamericanos.

La mano de obra barata y la abundancia de recursos naturales ya no son factores suficientes para competir en un mundo digital cada vez más dependiente de la inteligencia artificial.

Según Oropeza, estas razones explican por qué México es visto por Estados Unidos como un subordinado y no como un socio comercial.

Para contrarrestar el neoimperialismo de Trump, México necesita rediseñar su modelo de desarrollo. ¿Hay algún valiente?

 

 

 

Autor

Rubén Olvera Marines
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