Morena ya es un partido oficial y se sostiene en el poder con la “goebbeliana” técnica del engaño, en donde todo se vale, siempre y cuando no se rompa con la falsa narrativa de prosperidad, nacionalismo, sacrificio de los jerarcas, reivindicación y aprecio a la voluntad popular.
Hace días el INEGI dio a conocer las cifras del crecimiento económico en 2024 y con ello se infirió el del pasado sexenio. Por otra parte, el Banco de México informó sobre las expectativas para el presente año. En resumen, el país tuvo su peor desempeño desde cuando menos tres décadas. Con López Obrador crecimos a un 0.8 por ciento en promedio anual. Para el 2025, la estimación del aumento del PIB es de tan solo 0.6.
La infraestructura se colapsa, el sistema de salud es un fracaso, la educación no avanza, el empleo se detuvo, la inseguridad campea y cada vez somos más dependientes del extranjero en alimentos básicos y energía. La inflación de los últimos seis años llegó al 33.02 por ciento, una cifra récord en los tiempos modernos. El desastre se construyó con esmero; para ello, se tomaron decisiones que resultan inexplicables, por ejemplo: construir una refinería en un pantano, sin idea de cómo terminarla e ignorando cuánto costaría.
La pregunta: ¿Cómo se mantiene la aceptación del régimen? Varios factores lo explican: uno, se implantó en la sociedad un sentimiento de reivindicación que se alimenta de odio, polarización, medias verdades e historias a modo; dos, una ilusión monetaria que alienta la sensación de bonanza individual y que es producto de las transferencias económicas, las remesas y el mítico aumento del salario mínimo; tres, un aparato de propaganda que envidiarían las más exitosas dictaduras; cuatro, el uso de grandes reservas económicas que se encontraban en fideicomisos y otro tipo de cuentas o partidas presupuestales; y cinco, la construcción de una figura mesiánica que, en su sacrificio, redime la política.
Hay que agregar el pragmatismo que permite reclutar figuras políticas que son coleccionadas como trofeos. En consecuencia, hay un trasvase, en favor de Morena, de personajes y agrupaciones que viven de su relación con el poder o aspiran a esa condición. No falta quien, como lo hizo en el pasado al PRI o PAN, promete millones de votos de los trabajadores de su gremio.
La realidad parece que pronto alcanzará a Morena; estamos cerca de una crisis económica, el gobierno no tiene dinero y la delincuencia se convirtió en problema de seguridad nacional.
Para hacer frente a ese realidad, el régimen tiene pensado, entre otras cosas, usar el dinero de los trabajadores que se encuentra depositado en el Infonavit, Issste y Afores; explotar el nacionalismo; acabar, mediante una reforma electoral, con la democracia y los opositores; adueñarse por completo de los aparatos electorales y de justicia; y lo que mejor sabe hacer, agudizar la polarización.
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