PLAZA CÍVICA

Si se concretan las reformas, las marchas serán solo un aperitivo

El régimen autoritario priista tenía dos opciones: cerrarse y reprimir, o abrirse y modernizarse políticamente. Sucedió lo segundo con reformas que permitieron la existencia del Instituto Federal Electoral

El presidente de la República ha propuesto un proyecto político claro cuyo fin es la destrucción del régimen democrático mexicano. Ante ello, el domingo pasado cientos de miles de ciudadanos se reunieron en las plazas públicas del país para demostrar su músculo político y oponerse a las reformas lopezobradoristas. Si creemos que las marchas feministas y otras manifestaciones sociales le han causado inestabilidad política al país, estas serán una nada de concretarse las reformas políticas propuestas.

En 1968 se publicó un libro considerado a estas alturas un clásico: “El órden político en las sociedades en cambio”, del fallecido politólogo de la Universidad de Harvard, Samuel P. Huntington. El libro fue una refutación a la teoría de la modernización, la cual establecía que, conforme las sociedades se modernizan económica y socialmente, las instituciones políticas también lo hacen, adoptando finalmente la democracia-liberal. Huntington lo rechaza, argumentando que la modernización económico/social y el desarrollo político, aunque relacionados, no son lo mismo. Las sociedades en proceso de desarrollo económico/social tienden a la inestabilidad política, nos dice, ya que las instituciones no se desarrollan a la misma velocidad. En muchas ocasiones, inclusive, hay decadencia política.

Lo anterior sucedió en una medida importante en el México de la segunda mitad del siglo veinte. Conforme el país se modernizó económica y socialmente, se exigió mayor apertura política: las manifestaciones sindicales de los cincuentas, el movimiento estudiantil de los sesentas, la Guerra Sucia de los setentas y la rebelión empresarial de los ochentas apuntan en ese sentido. El régimen autoritario priista tenía dos opciones: cerrarse y reprimir, o abrirse y modernizarse políticamente. Sucedió lo segundo con reformas que permitieron la existencia del Instituto Federal Electoral (IFE), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la independencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), por solo mencionar algunos ejemplos. He ahí la teoría de la modernización: se modernizó México económica y socialmente, y se modernizaron las instituciones políticas. Sin embargo, entra en escena la teoría de Huntington.

¿El país realmente alcanzo a desarrollar las instituciones políticas para satisfacer las aspiraciones de su población? Mucho indica que no. Lorenzo Córdova, en su discurso pronunciado en el Zócalo, lo resumió así: existen muchos lastres en materia de inseguridad, corrupción, pobreza y desigualdad, aunque también hemos construido las instituciones políticas que permiten que haya democracia en el país. Y, ¿qué pasa cuando no hay instituciones que combatan de manera efectiva los primeros problemas, que son considerables? Se vota por un populista. Hay inestabilidad política. Y, tal vez, decadencia política.

Las instituciones políticas no se modernizaron para darle cauce al movimiento feminista y, entonces, tomaron las calles. ¿Qué pasaría si las reformas de regresión política de López Obrador se llegan a concretar? La marcha del domingo pasado será solo el aperitivo de la inestabilidad política, económica y social por venir. No hay pausa: o hay modernización político-institucional, o hay decadencia política.

 

fnge1@hotmail.com

 

​@FernandoNGE

Autor

Fernando Nùñez de la Garza Evia
Fernando Nùñez de la Garza Evia
Licenciado en derecho por la Universidad Iberoamericana (UIA). Maestro en estudios internacionales, y en administración pública y política pública, por el Tecnológico de Monterrey (ITESM). Ha publicado diversos artículos en Reforma y La Crónica de Hoy, y actualmente escribe una columna semanal en los principales diarios de distintos estados del país. Su trayectoria profesional se ha centrado en campañas políticas. Amante de la historia y fiel creyente en el debate público.
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