Search
martes 21 noviembre 2017
  • :
  • :

Magic Johnson, el rey Midas del deporte en Los Ángeles que fracasó vendiendo chaquetas

Foto: Vimeo.com

 

El icono de la NBA controla el baloncesto (Lakers y Sparks), el béisbol (Dodgers) y la nueva franquicia de fútbol de la Major League Soccer

La estadística publicada por Sports Illustrated retumbó en la conciencia estadounidense al inicio de la presente década. Un 60% de los jugadores de la NBA entraban en bancarrota en los cinco años inmediatos a su retirada de las pistas. Allen Iverson, especialmente manirroto, se las apañó para arruinarse después de haber ganado, entre el salario y su patrocinio con Reebok, más de 200 millones de dólares.

Según el sitio web de El Mundo, Earvin Johnson, siempre Magic, representa justo lo contrario. Apenas ganó 18 millones de sueldo en sus 13 temporadas en activo. Eran otros tiempos. En cambio, su fortuna ronda los 500 millones de dólares, mientras que el valor de su conglomerado empresarial se sitúa cerca de los 1.000 millones.

Magic es el rey Midas del deporte en Los Ángeles. Es copropietario de los subcampeones de la Serie Mundial de béisbol, los Dodgers. Y también de su filial en Oklahoma. Es presidente de operaciones de los Lakers, cuyo rescate ha puesto en manos del rookie Lonzo Ball. Es copropietario de Los Angeles Sparks, con tres anillos de la WNBA femenina. Pero también tiene una participación en Los Angeles Football Club, nueva franquicia que participará en la Major League Soccer a partir del próximo año. En la aventura han invertido la ex futbolista Mia Hamm o el actor Will Ferrell.

Hijo de un basurero que doblaba jornada en la General Motors, leyenda del baloncesto, mediador en conflictos raciales, filántropo, conferenciante en cursos de prevención del VIH… Pero, ante todo, Magic es un gran inversor. «Desde muy pequeño, Earvin sabía lo que quería hacer. Lo tenía todo planeado». Las palabras de su hermana Evelyn las corroboró él mismo una vez retirado en una declaración de intenciones que cumple a rajatabla: “Mi sueño era jugar en la NBA [cinco anillos con los Lakers y tres veces MVP de la temporada]. Pero también ser un hombre de negocios”.

Prohibido abrir la sección de deportes

La revista Success reflejó una anécdota poderosa. Magic, en el séptimo año de su carrera como baloncestista, ya preocupado por qué sería de él tras su retirada, fue a visitar a Michael Ovitz, cofundador de Creative Artists Agency, una de las grandes agencias de Hollywood. «Michael dejó caer el periódico frente a mí. Y me preguntó: ‘Cuando te llega el diario, ¿qué lees primero?’ Y yo le respondí que abría la sección de deportes». Magic recibió un tortazo verbal: “Respuesta incorrecta. A partir de ahora, si quieres involucrarte en los negocios, tienes que leer sobre negocios”.

Muhammad Ali, cuando ya había dejado sus guantes de boxeo acumulando polvo en el granero, solía relajarse y negar su incipiente Parkinson en largas caminatas hacia un McDonald’s. Adoraba aquello. Ali siempre fue el mayor referente vital de Magic, deslumbrado por la capacidad del ex campeón mundial de los pesos pesados para trascender más allá del deporte. Aunque a Magic, las hamburguesas le inspiraron de otra manera.

En 2004, el ex baloncestista adquirió 29 establecimientos de Burger King. Eran tiempos en los que Magic ya había aprendido su gran lección. Debía desatender a su ombligo y escuchar a los que compran. Algo que no hizo en su primera incursión en el mundillo, en 1981. Abrió una cadena de tiendas de artículos deportivos llamada Magic 32. Uno de sus productos estrella era una chaqueta de cuero que, en realidad, sólo le gustaba a él. Pero no a sus clientes. Quizá porque el diseño era terrible y costaba cada una 1.500 dólares. El negocio le duró un año, y las chaquetas se quedaron en los percheros.

La maquinaria, sin embargo, pronto comenzó a funcionar. Fundó en 1987, en Beverly Hills, su propio conglomerado (Magic Johnson Enterprises), y los billetes fluyeron. Se hizo con una distribuidora de Pepsi, compró el 4,5% de los Lakers a cambio de 10 millones de dólares -luego vendió las acciones por una cifra entre 50 y 60 millones-. También abrió cines, productoras, se hizo con 125 franquicias de Starbucks de las que después se desharía, adquirió participaciones en bancos, inauguró gimnasios, fundó un canal por cable (Aspire) para la comunidad afroamericana, invirtió en una compañía de contenidos digitales dedicada al mercado latino e incluso en una plataforma que ayuda a encontrar trabajo en la industria tecnológica a comunidades en dificultades.

Por si fuera poco, forma parte junto a la española Ferrovial del consorcio Great Hall Partners, que el pasado mes de agosto firmó un contrato para remodelar y encargarse de la explotación comercial de la terminal Jeppesen del Aeropuerto de Denver.

En el imperio de Magic nunca se pone el sol. (EL MUNSO)