¡ADIÓS JEFE!

Este miércoles falleció Don Francisco de la Peña Dávila, quien fuera fundador y director general de EL HERALDO DE SALTILLO

Este miércoles falleció el periodista Don Francisco de la Peña Dávila, director general y fundador del periódico EL HERALDO DE SALTILLO.

El también ex diputado local nació en Saltillo el 4 de junio de 1937, se casó con doña Irma de León Cepeda, y es padre de los periodistas Francisco y Eduardo de la Peña de León, y de la catedrática de la UA de C, Alicia de la Peña de León.

Con apenas 20 años de edad, un lápiz, una libreta, y sobre todo, su reconocida memoria, Francisco J. De La Peña Dávila incursionó en el periodismo en el año de 1957, convirtiéndose en reportero del desaparecido periódico El Sol del Norte.

El 7 de abril de 1963, junto con otros destacados periodistas de la época encabezados por Don Roberto Orozco Melo, Francisco De La Peña fundó El Heraldo de Saltillo, a la fecha el periódico decano de nuestra ciudad, y el que más años ha circulado en su larga historia.

 

EL JEFE DE EL HERALDO

De su padre, Don Francisco De La Peña Dávila, heredaría Paco su entrega al trabajo, el sentido de responsabilidad y el afán de ser auténtico; de su madre, Doña María de Los Ángeles Dávila Flores, su afición por la lectura, su empeño por informarse de todo y de ahí si inclinación por el periodismo.

Estudió primaria y secundaria en el Colegio Ignacio Zaragoza. El bachillerato en el Ateneo Fuente.

Tenía Paco la intención de entrar a la escuela de Leyes al terminar el bachillerato, que cursó en la Preparatoria Nocturna, pero eso implicaba quedarse siete meses sin estudiar, porque en Leyes se regían por el calendario tipo A: las clases eran de febrero a noviembre; mientras que en el resto de las escuelas de Saltillo imperaba el tipo B: de septiembre a junio. Para mantenerse ocupado en el intervalo, Paco se dedicó a buscar empleo. Un día iba caminando por la calle de Venustiano Carranza, que ahora se llama Pérez Treviño, con un compañero del Zaragoza, Humberto López Torres, quien andaba también en busca de trabajo. Iban platicando tranquilamente cuando se encontraron con el profesor Guillermo Meléndez Mata. Él había sido su maestro en la preparatoria y laboraba en el periódico El Sol del Norte. Después de los saludos de rigor, le comentaron que estaban buscando trabajo, y para su sorpresa el profesor Meléndez les dijo que ya lo habían encontrado, y que empezaban a trabajar ese mismo día en El Sol. Eso cambio la vida de Paco: muy pronto iba a descubrir su verdadera vocación.

Humberto y Paco no tenían experiencia como reporteros, y nunca había pasado por su mente la idea de trabajar en un periódico, pero tuvieron la fortuna de que dos de los reporteros del Sol, Alfredo Aguirre y Elías Cárdenas, necesitaban ausentarse del periódico por algunas semanas: Alfredo para cubrir la campaña del General Raúl Madero como candidato al Gobierno del Estado, y Elías para prepararse a fin de presentar sus exámenes en la Escuela de Leyes. La condición que pusieron los directivos del Sol para otorgar los permisos respectivos, fue que enseñaran los secretos del oficio a los noveles reporteros; así, Humberto se dedicó a las fuentes policiacas con la ayuda de Alfredo, y Paco a cubrir las dependencias federales y gubernamentales, con la tutoría de Elías.

De esa manera fortuita comenzaría la carrera en el periodismo de Francisco de la Peña, una carrera que duró más de cincuenta años y le dejó grandes satisfacciones y numerosas experiencias, iniciadas gracias a la oportunidad que le dio el profesor Memo Meléndez.

Siete meses duró trabajando en El Sol: de julio de 1957 a febrero de 1958; en marzo de ese año lo invitó el General Raúl Madero, que ya era el Gobernador del Estado, a colaborar con él en la Oficina de Prensa. Sucedió que Roberto Orozco Melo, que era el jefe de esa dependencia, fue postulado por el PRI como candidato a diputado por el distrito de Parras, y Paco fue llamado a sustituirlo.

Fue durante el sexenio del General Madero, el 24 de octubre de 1960, que los presidentes de México, Adolfo López Mateos y de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, se entrevistaron en Ciudad Acuña y acordaron la construcción de la Presa “La Amistad” sobre el Río Bravo; tocó a Paco de la Peña, en su carácter de Jefe de Prensa del Gobierno de Coahuila, que fue anfitrión de esa histórica entrevista, coordinar los aspectos informativos de la misma, en colaboración con el Jefe de Prensa de la Presidencia de la República y del vocero del Presidente de los Estados Unidos, para lo cual se responsabilizó de todos los detalles inherentes.

En 1963, Roberto Orozco Melo lo invitó a colaborar en El Heraldo de Saltillo, que recién había fundado con la colaboración de otros periodistas. A los tres o cuatro meses postularon a Orozco Melo como candidato a la presidencia municipal de Saltillo y el puesto de director de El Heraldo lo ocupó durante algunos meses Pepe González. Luego entro al relevo Javier Villarreal, quien al año siguiente fundó en Monclova el periódico “El Tiempo”, en compañía del profesor Meléndez, de modo que Paco se quedó como director general de El Heraldo de Saltillo, puesto que ostentó hasta el día de su partida.

 

UNA VIDA DEDICADA AL PERIODISMO

Los primeros años al frente del periódico fueron muy duros; había pocos ingresos, pero poco a poco se hizo Paco de algunas corresponsalías que le ayudaron a mejorar sus percepciones económicas: Excélsior, El Siglo de Torreón, La Voz del Norte, de Piedras Negras, El Día, de Monclova, y una agencia de noticias que se llamaba Prensa Independiente Mexicana.

Cuando Don Braulio Fernández Aguirre gobernó en Coahuila, acostumbrara a ofrecer conferencias de prensa de lunes a viernes a la una de la tarde, a menos que estuviera fuera de la ciudad. Esa fue una época en la que Paco de la Peña desempeñó con mayor intensidad su actividad periodística: además de la fuente de gobierno de estado, cubría las cámaras: la de diputados, la de comerciantes y otras más; la Universidad, otras instituciones educativas, los sindicatos… dedicaba toda la mañana y media tarde a reportear y el resto de la tarde y la noche a escribir y mandar las corresponsalías.

En ese tiempo la forma de imprimir un periódico era utilizando placas de metal que se acomodaban al revés, para que al entrar en la prensa quedaran al derecho. Los que trabajan en la elaboración de los periódicos adquirían mucha práctica para leer al revés; eran capaces de hacerlo casi con la misma velocidad que leían al derecho.

Don Braulio recibía a los reporteros de pie, a un lado de su escritorio; y en esa posición les comentaba los asuntos y contestaba sus preguntas. En una ocasión Paco, que estaba muy cerca del escritorio del gobernador, se percató de que encima del mueble estaba un documento que a él le pareció importante; y efectivamente lo era, porque se trataba del informe de un auditor de la Tesorería General de Estado. Paco leyó rápidamente a la manera en que lo hacía en el periódico, es decir, al revés, y se enteró de que ese informe revelaba que se habían encontrado algunas irregularidades en la tesorería de cierto municipio del estado. El gobernador no comentó nada de ese tema, así que Paco lo cuestionó sobre la decisión que se iba a tomar en el caso de las irregularidades encontradas en ese municipio. Don Braulio se desconcertó ante la pregunta, pues se trataba de un asunto que se había manejado con total reserva, y trató de negar que existiera tal problema, pero Paco insistió y le dijo que él estaba enterado que se le había enviado al gobernador un informe detallado de la situación. Entonces no le quedó a Don Braulio otro remedio que dar la información a todos los medios que estaban presentes. Eso originó un gran escándalo en la prensa; se le dio la cobertura por varias semanas y casi ocasiona la renuncia del alcalde y del tesorero en cuestión. No quiso quedarse Don Braulio con la duda acerca de la forma en que se había enterado Paco de aquel asunto, y cuando terminó la conferencia de prensa le pidió que se quedara para preguntárselo; no siendo nada que tuviera que ver con una fuente, De La Peña se lo dijo, y como el gobernador pusiera cara de incredulidad, le hizo una demostración práctica de cómo leía al revés y le explicó que así leía todos los días en el periódico. “¡Que descuidado soy!” –fue el único comentario del mandatario- y guardó el documento en un cajón de su escritorio.

En su carrera de periodista, y específicamente como reportero, le tocó a Paco de la Peña presenciar sucesos verdaderamente impactantes. Dos de ellos que recordaba frecuentemente: la caída de los Voladores de Papantla, en la Feria de Saltillo y el descarrilamiento del tren de peregrinos de Real de Catorce, en Puente Moreno.

Otro de los sucesos importantes que le tocó vivir, y por supuesto, reportear, fue un atentado que sufrió en nuestra ciudad el Presidente Adolfo López Mateos. Resulta que en 1958 se había iniciado un movimiento ferrocarrilero. Para 1959 Demetrio Vallejo, que encabezaba el movimiento, tenía paralizado el sistema ferroviario, con todos los problemas que eso acarreaba. Se decía que Vallejo era comunista y tenía intenciones de desquiciar al país. El caso es que había un enfrentamiento serio con el gobierno federal,

El Lic. López Mateos, que era el Presidente de la República, vino a Coahuila para presidir la ceremonia del 26 de marzo; ese día salió del Hotel Arizpe, donde se había hospedado, para dirigirse a la ceremonia del Plan de Guadalupe a bordo del autobús presidencial. Lo acompañaba el Gral. Raúl Madero y otros miembros de su comitiva. Seguía al autobús presidencial otro vehículo que transportaba a los periodistas locales y nacionales. Al cruzar las vías férreas que estaban en el cruce de Presidente Cárdenas y Emilio Carranza, salió intempestivamente una locomotora a gran velocidad que estuvo a punto de embestir al autobús presidencial. Se dijo que había la intención de atentar contra la vida del Presidente. No se logró consumar el atentado: el autobús alcanzó a pasar unos segundos antes que la máquina. Afortunadamente no sucedió ninguna desgracia y continuaron sin novedad el viaje hasta la Ex Hacienda de Guadalupe.

Los reporteros –algunos- llegan a desarrollar una especie de sexto sentido que les permite intuir los hechos que están por ocurrir; hay quien llama a esta habilidad “olfato periodístico” Paco demostró poseer esa especial intuición cuando se preparaba el proceso para elegir al sucesor de Don Braulio Fernández Aguirre.

Como suele ocurrir en esos casos, varias personas que quería ser candidatos a la gubernatura y entre ellos se mencionaba al ingeniero Eulalio Gutiérrez. El Heraldo de Saltillo publicó el currículum vítae de todos ellos, menos el de Don Eulalio, porque él se negaba a entregar esa información al periódico. El equipo de reporteros de El Heraldo se dio a la tarea de reunir cuantos datos hubiera a la mano de la vida y la obra del Ingeniero Gutiérrez, y se le pidió más información para publicar una semblanza, a lo que él contestó con otra negativa.

A Paco se le hacía un poco sospechosa aquella actitud, quizá por eso se agudizaron sus habilidades intuitivas, y estaba a la caza de cualquier indicio, cualquier detalle que le permitiera descubrir la causa. Muy pronto se le iba a presentar la oportunidad de conocerla. Sucedió que por esos días, la acostumbrada conferencia de prensa con Don Braulio, que era extremadamente puntual para recibir a los reporteros: siempre a la una en punto de la tarde, se estaba demorando demasiado, cosa que nunca había ocurrido. Serían las dos y media cuando los reporteros, que estaban en la antesala, vieron salir del despacho del gobernador a Don Eulalio y lo abordaron para entrevistarlo. El ingeniero les comentó que estaba platicando con Don Braulio acerca del agua de Saltillo. Paco intuyó, sin embargo, que había algo más importante en el fondo de aquella larga entrevista entre los dos personajes y que no podía ser otra cosa que el asunto de la candidatura.

No tardó mucho en confirmar su sospecha: por la tarde se presentó en El Heraldo uno de los hijos de Don Eulalio, Jaime, con un currículum muy completo de su padre. Para Paco, esa era la evidencia indudable de que Eulalio Gutiérrez sería el candidato oficial del PRI para contender por la gubernatura de la entidad. De inmediato dispuso que se publicara el currículum del ingeniero a ocho columnas y en primera plana, siendo que en el caso de los demás aspirantes lo habían hecho solamente a dos columnas.

Al día siguiente, la primera plana de El Heraldo ostentaba sólo dos palabras que ocupaban las ocho columnas: EULALIO GUTIÉRREZ. Y abajo del encabezado publicaron el currículum entero.

La noticia fue interpretada en el mundo político como un destape anticipado a favor del ingeniero y los altos mandos del PRI reconvinieron al gobernador por adelantarse a los tiempos políticos. Don Eulalio mandó a Luis Horacio Salinas, que era diputado federal en esos momentos, como mediador para que convenciera a Paco de la Peña a fin de que El Heraldo moderara su posición en el tema, y publicara una nota aclarando que no había nada resuelto en torno a la candidatura para el gobierno de la entidad, y que todos los candidatos tenían las mismas posibilidades. Paco se negó rotundamente argumentando que había publicado que iba a ser Eulalio porque tenía  la convicción de que así era, y que no podía decidirse, a menos de que el propio partido, es decir, el PRI, la desmintiera de manera oficial.

Quince días después se presentó formalmente la candidatura de Eulalio Gutiérrez, pero El Heraldo, gracias a la intuición de Paco, había ganado la nota a los demás medios informativos.

 

SU AMOR POR LA TIERRA

Paco de la Peña cuenta que él ha sido agricultor desde que nació. Es una actividad que lleva en la sangre. Cuando la urbanización fue rodeando las tierras de Las Tetillas y quedaba poco terreno dónde sembrar, Paco le compró a su suegra una huerta de manzanos que ella tenía en Los Lirios, comunidad ubicada en la Sierra de Arteaga. Así se convirtió en pequeño propietario, y al poco tiempo comenzó a participar activamente en la organización que se había formado para proteger sus intereses; y llegó a ocupar cargos de dirigencia de esta organización, primero en Saltillo y luego en el estado, cuando fue electo Presidente de la Federación Estatal de la Pequeña Propiedad de Coahuila, organismo que estaba adherido a la CNOP porque compartían objetivos comunes: tierra, producción, créditos, agua, etc.

En ese tiempo retomó su participación en las filas del PRI, que había iniciado durante el gobierno del General Madero, como presidente del sector juvenil del partido.

Le interesaban profundamente los problemas del campo, porque los había sufrido desde niño y recorría sin descanso los 38 municipios que componen la geografía del estado para estar en contacto con todos los pequeños propietarios y con los ganaderos; procuraba atender sus inquietudes y logró construir un organismo fuerte y con respuestas oportunas.

Paco De La Peña realizó una labor muy intensa frente de la pequeña propiedad durante tres fructíferos años. Su trabajo en ese ámbito le dejó muchas satisfacciones y buenos amigos.

Trabajó mucho en defensa de la tierra, especialmente en la definición de lo que era la pequeña propiedad frente al ejido; participó en los programas oficiales que beneficiaban a sus compañeros y buscó impulsar los acuerdos con empresas particulares para que se otorgaran mejores créditos a los pequeños propietarios y a los campesinos en general.

 

SU INCURSIÓN EN LA POLÍTICA

La primera incursión de Paco De La Peña en la política fue como presidente del sector juvenil del PRI, actividad que desempeñó durante cuatro o cinco años, entre 1959 y 1963. Luego fue diputado en la 48 Legislatura por el Segundo Distrito, que abarcaba Parras, General Cepeda, Ramos Arizpe y Arteaga. En ese cargo Paco procuró mantener el contacto con sus electores, estaba con ellos siempre que podía para escuchar sus demandas y hacer las gestiones necesarias para satisfacerlas.

Como buen agricultor, Paco De La Peña siempre se ha interesado por el agua; de ahí que la actividad del servicio público que desempeñó con mayor agrado fue la dirección del Sistema de Alcantarillado y Agua Potable de Coahuila: SAPAC.

Llegó a esta dependencia invitado por el Lic. Eliseo Mendoza Berrueto, con quien tuvo plena identificación y total apoyo en su encomienda, y se propuso emplear su tiempo y los recursos de que disponía para ayudar a solucionar el problema de la escasez de agua, que en esos años era bastante serio. Dependían del sistema 20 o 22 servicios municipales, que Paco procuraba atender diligentemente. Su afán era servir a la gente que necesitaba atención y soluciones.

Como parte de su trabajo en esa dependencia participaba en la mayoría de las giras del gobernador por el estado, y como no existía la dirección de Protección Civil le tocó atender las actividades correspondientes a esas áreas: igual se encargaba de coordinar las brigadas para apagar un incendio forestal en la Sierra de Arteaga, que organizar la atención en caso de inundaciones en La Laguna, o lo referente  a la red de gas natural en Saltillo.

Desde que era muy pequeño, Paco siempre se dedicó a la agricultura. Primero en Las Tetillas, ayudando a su padre en la tareas de la siembra; luego en las huertas de manzana en Los Lirios y en San Antonio de las Alazanas; y más tarde incursionó como nogalero, en Las Tetillas y en General Cepeda. Eso es lo que más le gusta hacer, y aunque sigue dedicándole tiempo al periódico, cada vez pasa más tiempo en sus actividades de fruticultor.

“No me siento con autoridad para dar consejos, pero en mi opinión un reportero debe estar siempre muy identificado con la comunidad, con las personas que la integran, con los hechos que le ocurren, con los incidentes de dentro y fuera que influyen en el desarrollo de esa comunidad. Yo eh tratado siempre de ser muy respetuoso del desempeño, de la actividad, de las ideas, de las propuestas de cada quien. Todos los días nos encontramos con cosas diametralmente opuestas; hay que respetarlas todas. Y ser muy objetivo, no buscar ser el protagonista, más que de tu propia vida. Ser consciente de que hay que transmitir los hechos con veracidad. Quisiera seguir siendo así y que todos honráramos esta actividad del periodismo”, señaló en alguna ocasión, mientras lo entrevistaban para la realización de su biografía, dentro de la serie Nuestra Gente, que editó el Gobierno del Estado.

Francisco de la Peña Dávila fue reconocido por su trayectoria de 50 años de labor periodística en el 2007, recibiendo la presea Benjamín Cabrera, en la celebración del Día de la Libertad de Expresión. Además, en el 2013 recibió la Presea IMARC y la Presea Saltillo.

Fue don Paco un pilar importante para el periodismo coahuilense, maestro de generaciones de periodistas. (EL HERALDO)