Search
martes 12 diciembre 2017
  • :
  • :

ÍNDICE

EDUARDO J. DE LA PEÑA 

A todos quienes de alguna manera se hicieron presentes para mostrarnos su solidaridad y afecto con motivo del fallecimiento de mi padre, muchas gracias, su acompañamiento ha sido importante en estos momentos.

Don Paco De La Peña, Francisco J. De La Peña Dávila, tuvo dos grandes pasiones en su vida, el periodismo, que ejerció por varias décadas, y el campo, la producción de fruta principalmente, actividad en la que se mantuvo activo hasta la misma mañana de su muerte este miércoles 11 de octubre.

Alejado de protagonismos seguramente no aprobaría que hoy se escriba de él, pero es justo decir que, aún sin el ánimo de figurar o buscar reflectores, tuvo una influencia que impactó en la vida de muchos.

Desde luego en nosotros, su familia inmediata, mi madre, mis hermanos, sus nietos y nueras, pero fue también la figura a la que recurrían sus hermanos, primos, sobrinos y ahijados en busca de apoyo o consejo.

Pero igualmente quienes en su desempeño periodístico se le acercaron proponiendo algún proyecto, causa o sueño, encontraron apoyo entusiasta. Ha sido satisfactorio encontrar por todas partes de Coahuila a profesionistas que cursaron sus estudios en Saltillo y acudieron a El Heraldo, con Don Paco, y encontraron las puertas abiertas para difundir sus aspiraciones u opiniones. Lo mismo ocurrió con deportistas, clubes de servicio, políticos y artistas.

Vivió el periodismo con los valores de entrega, servicio, rectitud que tiene esta actividad cuando se asume como un compromiso comunitario.

Su vida transcurrió con dignidad y congruencia. Igual lo escuché plantear su punto de vista o análisis a candidatos a la Presidencia de México sin titubeos y con la sensibilidad de años en el periodismo y el conocimiento por su crianza y vida en el campo, que intervenir para poner orden entre los usuarios del pozo común en San Antonio de las Alazanas.

Sus intervenciones eran atinadas, no importaba que no gustaran, no andaba buscando caer bien. Eso sí, fue enemigo de la calumnia y la destrucción. Construir siempre, me lo repetía con frecuencia, y fue una de sus enseñanzas.

Decía lo que pensaba, y pensaba lo que hacía.

Otro valor que lo caracterizó fue la lealtad. A sus principios, su familia, y las causas en las que formó parte.

Tuvo participaciones en el servicio público, y se desempeñó igualmente con dignidad, ahí también fue ejemplo de rectitud y de entrega, pues asumía toda tarea con una gran responsabilidad.

En la vida familiar fue estricto, pero nos dio incontables muestras de su amor y generosidad, que volcó en los últimos años de su vida en sus cuatro nietos, a los que consintió como abuelo, les respaldó en sus afanes y les dejó un gran legado: su ejemplo.

Aún en las crisis de salud que tuvo en los últimos años, nos enseñó, pues con los peores pronósticos lograba recuperarse, y muchas veces fue evidente que lo consiguió por sus ganas de vivir y salir adelante para atender algún proyecto pendiente.

En una Feria del Libro encontramos mi esposa, mis hijos y yo un cuadro, que compramos para regalarle, con una expresión que sintetiza lo que hoy quisiera decir a mi padre y sobre mi padre. “Lo mejor de tenerte como papá es que mis hijos te tienen como abuelo”.