ABUELO

FRANCISCO DE LA PEÑA LÓPEZ

“Los hombres grandes no mueren, les crecen alas y vuelan al cielo”

Desde que tengo memoria recuerdo a mi abuelo con una sonrisa en el rostro. Estoy seguro de que no soy el único que al pensar en mi abuelo, que al pensar en Don Paco, recuerda un momento feliz.

Mi abuelo me llevaba al rancho, me compartía su conocimiento de las manzanas y su sabiduría de la vida. Mi abuelo sonreía conmigo. Don Paco era sabio, una persona honesta, íntegra y ante todo trabajadora. Tuve la oportunidad de estar a su lado en muchas ocasiones y de aprender las lecciones más importantes de mi vida. Mi abuelo con su silencio decía más de lo que puedo escribir.

Me transportaba a sus tiempos, en los cuales escalaba el cerro de Las Tetillas o cruzaba alguna montaña de Zapalinamé. Cuando jugaba a ser aventurero y trepaba árboles lo hacía inspirado por mi abuelo. Mi abuelo desde pequeño me enseñó el periódico, me motivaba a leer, me motivaba a saber y cada que escribo me siento inspirado por mi abuelo.

Mi abuelo me enseñaba a ser honorable, a ser de confianza, a ser perseverante y en cada momento de mi vida me siento inspirado por él.

Sé que mi abuelo marcó la vida de muchas personas. Sé que marcó la mía. Sé que me hizo feliz y me enseñó más de una lección. Unos meses antes de su muerte tuve la oportunidad de hacerlo feliz. Lo hice al invitarlo a ser mi padrino de confirmación. A ser mi guía mi inspiración y mi mentor, a ser lo que él siempre había sido. Sé que desde el cielo seguirá siendo eso para mí y que el lugar que tiene en mi corazón también lo tiene en el de muchos otros.

Los hombres, el cielo y la tierra están de luto porque el 11 de octubre del 2017 un gran hombre llegó a su destino y partió de la tierra para subir a los cielos. Estate seguro Abuelo, que sigues vivo en nuestra memoria y en los corazones de todos nosotros.