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sábado 18 noviembre 2017
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¿Qué hacer cuando un niño está deprimido?

Para muchos padres no es fácil reconocer que sus hijos están deprimidos. Pero si la tristeza persiste hay que consultar con un especialista. foto: Silvia Marks/dpa-tmn

Por David Schwarz

Todo comenzó hace tres años: primero Laura estaba triste más seguido que antes. Con el tiempo la falta de ganas y el desánimo se fueron volviendo permanentes. En un momento, esta adolescente de 15 años ya no encontraba motivación para nada. “Durante mucho tiempo no quise aceptar ayuda profesional pero en un momento llegué a un punto en el que me di cuenta que no podía seguir así”, dice. Hoy día recibe tratamiento contra la depresión.

Sin embargo, esta enfermedad sigue cargando con un estigma. Y pocos saben que los niños también pueden sufrirla. Laura cuenta que hay gente que no le cree que está deprimida y le dice que lo aparenta para llamar la atención.

Aunque no sea un dato conocido, la depresión se encuentra entre las enfermedades psíquicas más frecuentes en niños y adolescentes. En niños en edad escolar, la incidencia es menor al 2 por ciento. Entre los 12 y los 17 años, ya afecta a entre 3 y 10 por ciento de los adolescentes. Pero ¿cómo pueden saber los padres si su hijo está atravesando una tristeza pasajera o está deprimido?

Los psicólogos señalan que en los niños la depresión se manifiesta cuando se vuelven retraídos, ya no tienen ganas de juntarse con sus amigos, les empieza a ir mal en la escuela, tienen la sensación de valer poco y todo les cuesta.

En muchos casos, para los niños es además difícil nombrar o describir sus miedos o depresiones. Los casos difieren según la edad. Sin embargo, cuando síntomas como la tristeza, la falta de ganas o la ligera irritabilidad perduran durante más de dos semanas y no hay un motivo externo, se recomienda visitar a un especialista.

En primer lugar, los padres deben mantener la calma, informarse y dejarse asesorar. Luego deberían hablar tranquilamente y en profundidad con su hijo para que les cuente sus problemas. Es importante que los padres demuestren voluntad de ayudar y comprensión hacia la situación. Laura dice que, al principio, su familia no la entendía, pero que luego todos se mostraron comprensivos.

Los padres no deberían esperar demasiado para acudir a un experto. Un problema frecuente es que los padres esperan que el desánimo de su hijo se le pase de un día para el otro. Pero decirle solo “ya va a pasar” no sirve de nada.

Si se reconoce la enfermedad, se la puede tratar. Laura va al psicólogo dos veces por semana y además va tres veces por semana a musicoterapia. Asegura que el tratamiento le ayudó bastante. Está mejor de ánimo y se siente más motivada.

En casos extremos puede ser necesaria una internación, aunque el suministro de psicofármacos en niños y adolescentes se decide rara vez. Sin embargo, ninguna internación debería ser decidida pasando por encima del niño. Es necesario hablar abiertamente y explicarle que estará mejor. Un buen acompañamiento es explicarle al adolescente cómo es una sesión de terapia o que toda la familia lo acompañe a la clínica.

El objetivo más importante de la terapia es fortalecer los recursos del niño. Se enseña a los pacientes a deshacerse de malos pensamientos y modificar la situación que lo sobrecarga. También es necesario trabajar sobre el entorno: la familia debe estar fuerte para ayudarle. Los familiares deberían evaluar también recibir ayuda profesional si se sienten sobrepasados por el problema. (DPA)