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EDUARDO J. DE LA PEÑA

Con todo y que la sensación generalizada es que el debate entre los candidatos a la gubernatura poco aportó, es necesario retomar algunos aspectos y reflexiones sobre lo que ahí ocurrió.

La andanada de ataques y acusaciones no únicamente opacó las propuestas que ahí presentaron los aspirantes, además provocó pasara desapercibida la apertura asumida por el gobierno estatal.

La seguridad del evento estuvo supervisada directamente por el Capitán Hugo Eduardo Gutiérrez, quien aunque dejó hace meses su cargo como Comisionado de Seguridad, se mantiene en la estructura de la Secretaría de Gobierno.

Más importante aún, el debate fue transmitido por las dieciséis estaciones que el gobierno estatal opera en igual número de municipios, lo que dio la oportunidad de que tanto propuestas como acusaciones de los siete aspirantes se pudieran escuchar en la mayor parte del territorio estatal.

Esa transmisión por la red oficial cubrió el vacío que dejó el Instituto Electoral, donde no hubo un esfuerzo serio por lograr una mayor difusión del evento.

No se vio en el debate a ningún representante de la Cámara de Radio y Televisión, que preside el monclovense Víctor N. Harb, ni se conoció de negociaciones para lograr la transmisión en las estaciones comerciales.

Y ya que estamos en eso, notoria fue también la ausencia de los dirigentes de todas las cámaras empresariales. Se supo de algunos que se reunieron en su propia sede para seguir el evento, pero no acudieron al Museo del Desierto.

Desde días anteriores se conocía del rompimiento que hubo entre cámaras del sector privado y la autoridad electoral, precisamente cuando se negociaban las reglas del debate, pero ahí le faltó al Instituto operación política para superar diferencias y lograr la presencia de los líderes en el evento.

Hay que apuntar y tener presente la actitud que mostró ahora la iniciativa privada, pues pudiéramos estar ante el resurgimiento de un sector que en los últimos doce años se desdibujó, disminuyó su presencia y guardó silencio.

De los candidatos, desde luego que todos se asumen como ganadores, pero siendo estrictos si hubo quienes ganaron algo con el debate, fueron los independientes Javier Guerrero García y Luis Horacio Salinas Valdés, pues tuvieron una mayor exhibición pública, que no han logrado por la inequidad en el reparto de recursos, tiempos oficiales de promoción y cobertura de la mayoría de los medios.

La revelación fue Mary Telma Guajardo, que se mostró bien informada de la problemática estatal, particularmente en los rubros de educación y salud, y tiene propuestas interesantes, además de un buen discurso. Pero si históricamente se ha dicho que en los debates un factor determinante es el lenguaje corporal, ahí la candidata perredista tiene un gran lastre.

Y es que Guajardo no inspira confianza, alterna sus expresiones entre la soberbia y la trampa.

Miguel Riquelme lo dijo, pero le faltó contundencia: es responsable por sus actos y no por el desempeño de quienes han gobernado los últimos dos sexenios. Por momentos se vio apurado y tampoco le ayudó el lenguaje corporal.

 

Guillermo Anaya inició desencanchado, batallando para articular un  mensaje de propuesta, y solo tomó fluidez cuando empezó a atacar.

José Ángel Pérez hizo acusaciones muy graves, pero perdió el control, como históricamente le ha pasado.

Armando Guadiana por completo hecho al molde de su inspirador Andrés Manuel López Obrador, rayando en la necedad.

En cuanto al contenido del debate, fue evidente que todos se prepararon para los temas generales y no estaban listos para las preguntas específicas.

Cuando se les preguntó que mejorarían en impartición de justicia, todos se extendieron en detallar su estrategia preventiva y policial, que puede tener ideas buenas o malas, pero no era lo que se les estaba preguntando.

Estrictamente la impartición de justicia tiene que ver con el Poder Judicial, y el único que se refirió al tema fue Javier Guerrero, quien se pronunció por recuperar la carrera judicial y eliminar los compadrazgos en la integración del Tribunal Superior.

Peor aún cuando se les preguntó sobre las actividades culturales que impulsarían en caso de llegar a la gubernatura, todos se fueron a su política educativa, a excepción nuevamente de Javier Guerrero que prometió impulsar a los creadores locales.

¿De verdad ninguno tiene una oferta cultural? Están equivocados si piensan que es un aspecto “de relleno”, la cultura es una de las mejores rutas para recuperar la cohesión social y fortalecer la seguridad.

Claro, a la par del desarrollo cultural va la formación de mentes críticas y que cuestionan, y eso a los políticos es lo que no les gusta.

Vuelta a la página del primer debate, y a recorrer ya la ruta para el segundo, mientras veremos qué nuevas acusaciones salen a relucir.