PARTICIPACIÓN POLÍTICA: CIUDADANOS ÉTICOS

CÉSAR FELIPE DE LA ROSA

La palabra ética proviene del vocablo griego ethos, que significa costumbre.

La ética es aquella instancia desde la cual juzgamos y valoramos la forma como se  comporta el hombre y al mismo tiempo, la instancia desde la cual formulamos principios y  criterios acerca de cómo debemos comportarnos y hacia dónde debemos dirigir nuestra acción.

Fernando Savater, en su obra “ética para amador”,  define a la ética y a la moral de la siguiente manera: moral,  es el conjunto de comportamientos y normas que solemos aceptar como válidos; ética: es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos (a los comportamientos y normas) y la comparación con otras morales.  (GUÍA)

La misma debe estar revestida de algunas características que la particularizan, por citar: la humanización: todo hombre está llamado a hacerse cada vez más  humano; la autonomía: cada persona tiene derecho a conducir su vida; la igualdad: todos los seres humanos tienen los mismos derechos y obligaciones; la totalidad: cada persona es responsable del todo de su ser personal; la solidaridad: el hombre está orientado al servicio de los demás; la subsidiaridad: derecho de todos a crecer y desarrollar sus facultades; la justicia social: distribución equitativa de recursos por parte del Estado, favoreciendo a los que tienen menos posibilidades de conseguirlos y el respeto a la dignidad de la persona: base del resto de derechos humanos.

Uno de los múltiples procesos que se adquieren en la parte formativa del ser humano y sobre todo del universitario, es la inserción al medio político y por cuestión cronológica obvia, la ciudadanía.

Hablar de ciudadanía sugiere necesariamente hablar de participación en una relación mutua aunque no necesariamente de la misma intensidad y calidad; lo que es un hecho es que no podemos hablar de ciudadanía sin participación. Ahora bien dentro de la dualidad a que hace referencia esta idea, se encuentra de trasfondo una condición estructural indispensable, ésta es un sistema democrático, es decir reglas mínimas indispensables para lograr convivir de forma pacífica, libre y formalmente en iguales condiciones de oportunidad.

Partiendo de una perspectiva liberal, es factible identificar como uno de sus momentos trascendentales, aquel que tiene el objetivo de garantizar la participación de la ciudadanía en los procesos electorales, mismos que otorgan elementos para su legitimación.

La ciudadanía desde un punto meramente formalistas implicaría para la persona cumplir 18 años de edad y “tener un modo honesto de vivir”.

Es ahí donde se conjugan los verbos y la parte democrática se ve forzada a confluir con el aspecto ético de comportamiento en las personas.

La trascendencia de ello, radica precisamente en la necesidad que se evidencia; que el ciudadano se comporte de manera ética.

Según (MORENO) ciudadanía significa el conjunto de derechos y deberes por los cuales el ciudadano, el individuo está sujeto en su relación con la sociedad en que vive. El término ciudadanía proviene del latín “civitas”, que significa ciudad. Por tanto, ciudadanía es la condición que se  otorga al ciudadano de ser miembro de una comunidad organizada. (2015)

El concepto de ciudadanía como condición que da acceso a derechos y poderes está asociado con T. H. Marshall. Los derechos civiles comprenden la libertad de expresión y la igualdad ante la ley. Los derechos políticos incluyen el derecho al voto y a organizarse políticamente. Los derechos socio-económicos incluyen el bienestar económico y la seguridad social. En la sociedad preindustrial, esos derechos estaban limitados a una élite reducida. Mientras la masa se vio excluida del disfrute de plenos derechos civiles y políticos, florecieron las ideologías revolucionarias de clase. La extensión de la ciudadanía en el sentido civil y político a la burguesía y a la clase trabajadora integró a estas clases en la sociedad y la política, lo que llevó al declive de la conciencia revolucionaria de clase.

Con mayor precisión podría decirse que la nueva ciudadanía reúne los derechos de la libertad y de la igualdad con los deberes de la solidaridad. En este sentido, el concepto de ciudadanía se une al de democracia, y se caracteriza por la necesidad de conciliar las exigencias de la participación con las de la gobernabilidad, por un lado, y por el otro, las de la justicia con las del mercado. A este respecto se habla de nueva ciudadanía con referencia a la necesidad de superar una cultura estatista (que conduce al Estado asistencial) en favor de una cultura social que va más allá del binomio Estado-mercado, y se abre al trinomio Estado-mercado-tercer sector (el denominado sector no profit, de carácter social privado).

Los universitarios, sobre todo, los estudiantes, son los responsables de que la ciudadanía sea ejercida a plenitud, y los derechos políticos se conduzcan dentro de los cauces éticos necesarios para el desarrollo personal y social.