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Domingo 26 Marzo 2017
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¿Supiste lo que le pasó a Juanito?… la manía del chisme en los centros de trabajo

Para algunas personas los chismes son la sal de la vida. A otras de sólo oírlos se les revuelve el estómago. Sea de un modo o de otro, es difícil imaginar un lugar de trabajo sin chismes. “¿Te enteraste de que…?”. “¿Viste lo que dijo…?”. Una frase tan simple puede ser la introducción a toda una serie de habladurías que muchas veces van seguidas de un iluso “pero tú no se lo comentes a nadie”.

No hay vuelta que darle. Los chismes pueden convertir al compañero más introvertido en una verdadera comidilla.

¿Pero qué es en definitiva un chisme y qué no? ¿Cómo saber qué es cierto y qué es falso? ¿Cómo diferenciar si es algo comentado al pasar sobre un tercero o si los comentarios empiezan a ser más bien un mobbing que toma de punto a alguien en particular?

Hay diferentes grados de chisme, por decirlo así. Una cosa es comentar algo sobre un tercero cuando uno se encuentra con un amigo del trabajo y habla en general de los compañeros. Otra cosa es el rumor que hace foco puntualmente en una persona y que se vende como si fuese una verdad.

Es decir, el primer tipo de chisme consiste en comentar cosas de la vida privada de alguien a pesar de que esa persona no tenía la intención de compartir con todos esa información. Otra cosa es comentar y fomentar la circulación de un rumor del que nadie sabe si es verdad o no, pero que se pone a rodar y se va alimentando de malas interpretaciones.

Sin embargo, no todo es tan negativo en el hecho de chusmear. La profesora Birgit Althans de la Universidad de Lüneburg publicó un libro sobre la historia cultural del chisme. Allí dice que chismosear en el trabajo también tiene una función positiva porque ayuda a reducir las tensiones en un momento muy estresante o, también, a ponerle algo de “condimento” a una rutina laboral más bien tediosa.

Además, tal como apunta Althans, hay un efecto muy claro: el chisme agrupa, genera cohesión, porque si uno habla “a escondidas” sobre un tercero, siente que el vínculo con su interlocutor se afianza.

Pero justamente todos esos elementos que parecen muy positivos viven de segregar a otro. La cohesión que puede generar un rumor entre dos que lo comparten o incluso entre todo un grupo se basa en la exclusión de alguien que pasa a ser foco de las habladurías.

El límite entre el chisme y el mobbing se vuelve muy frágil, y la línea roja de pronto no es nada difícil de cruzar.

“En realidad los chismes son, entre otras cosas, un indicador de que la persona que chusmea no tiene mucha seguridad en sí misma”, sostiene la psicóloga Juliane Dreisbach. Al hablar mal de alguien o hablar de él a sus espaldas, lo que se hace es intentar ponerse por encima de ese otro, explica Dreisbach.

¿Cómo puede reaccionar uno si nota que en el equipo está circulando un rumor? ¿Puede evitar comentar los rumores? Es difícil. Si uno no forma parte de los rumores, puede quedar fuera y dejar de enterarse de muchas cosas o incluso volverse en objeto de las habladurías de los demás.

Mucha gente se suma a la ola de los chismes justamente por ese motivo. Quiere estar del lado de los que hablan, dentro del grupo que genera de ese modo cohesión, y no del lado de quienes son señalados. ¿Pero es realmente la mejor actitud?

Algunos “coaches de equipo” dicen que, al entrar a trabajar en un lugar nuevo, lo mejor es contarles a los demás algo de la vida privada, porque eso tiende a evitar que se generen rumores por falta de información.

¿Y cómo reaccionar si uno mismo es el foco de los chismes? En general, si uno está bien integrado, no suele tener ese problema o puede tener un amigo que le ponga freno a lo que se esté diciendo dentro del grupo.

¿Pero qué actitud se recomienda tomar? En algunos casos está bien ignorar el asunto. En otros, es bueno reaccionar, sobre todo si el rumor está haciéndole mucho daño a uno.

Hay miles de ejemplos. Si uno escucha, por tomar un caso, que se anda diciendo que un compañero tiene problemas con el alcohol, lo primero que se puede preguntar es quién se beneficia de que circule un rumor semejante. Eso muchas veces ayuda a detectar quién fue el que echó a rodar esa supuesta información y de ese modo uno puede ir directamente a hablar con esa persona para ver qué sucede. Otra alternativa sería, si es un rumor muy corrosivo, plantearlo ante alguna instancia superior.

Pero, en definitiva, los chismes en el trabajo son como tantas otras cosas de la vida: un poco está bien, pero si a uno se le va la mano, puede arruinarlo todo. (AGENCIA DPA)