La sopa de la abuela, un remedio casero que vuelve a estar de moda

 

Por Jule Zentek (dpa)

Antaño, cuando dolía la garganta o corría la nariz, la abuela preparaba un caldo y prometía: “Pronto te sentirás como nuevo”. Durante mucho tiempo, un buen caldo de pollo era considerado el mejor remedio casero para combatir los resfríos. Y después de cierto olvido, está viviendo un “revival”: en muchas calles de las grandes ciudades estadounidenses se lo vende en vasos de cartón como “Broth to Go” (Caldo al paso), como si fuera café.

Muchas personas creían antes que el caldo fortalecía las defensas y ayudaba a curar un resfrío. Si bien esto no está científicamente comprobado, lo cierto es que el vapor caliente del caldo puede ayudar a despejar las vías respiratorias. El efecto es similar a la inhalación de un té: las mucosas se humedecen y calientan, lo que ayuda a eliminar las secreciones. Esto puede ser beneficioso en las etapas iniciales de un resfriado. Si se prepara el caldo con carne, tendrá además una buena porción de zinc, lo cual es de hecho bueno para el sistema inmunológico.

Katharina Höhnk cree además en el efecto antiinflamatorio del caldo. Esta bloguera alemana, que lleva adelante el blog “Valentinas Kochbuch”, en el que publica los principales lanzamientos de libros de cocina y sus mejores recetas, afirma que un estudio llevado a cabo en Estados Unidos en el año 2000 estableció que el caldo de gallina tiene un ligero efecto antiinflamatorio. Gahl explica que en el caso de infecciones gripales y procesos inflamatorios, el cuerpo libera varios glóbulos blancos. Determinadas sustancias presentes en el caldo pueden eventualmente bloquearlos y de esta forma moderar los síntomas del resfrío.

Pero no sólo el caldo, sino también las verduras que hay en él son sanas. El puerro, el apio y las zanahorias contienen metabolitos secundarios de las plantas, que tienen un efecto antibacteriano, afirma Gahl. Sin embargo, al cocinarlas, pueden perder algunas propiedades. De todas formas, la sopa sigue siendo nutritiva, y depende de qué ingredientes incluya, puede incluso saciar el apetito. Por eso, cada tanto, puede reemplazar una comida.

El caldo se puede preparar con pollo, ternera, cordero o cerdo, pero también sólo con verduras para los vegetarianos. Cuanto más frescas las verduras y las carnes, mejor y más saludable será el caldo. Sin embargo, cuando están apuradas, muchas personas usan caldos instantáneos. Si bien contienen casi los mismos ingredientes, no son tan sanos como el caldo casero.

Las sopas instantáneas han sido deshidratadas mediante congelación y se le añaden saborizantes, aromatizantes y conservantes. Esta deshidratación hace que se pierdan muchos nutrientes. Por eso, lo mejor es decidir qué caldo usar dependiendo de las circunstancias. El caldo instantáneo se puede usar en comidas en las que el caldo no es el principal aporte al sabor del plato, como por ejemplo, en el caso de muchas salsas. De todas formas, el caldo casero tiene mejor sabor y puede ser un plato en sí.

Si se quiere preparar un caldo casero, hay que tomarse cierto tiempo, ya que lo ideal es que la sopa hierva durante unas ocho horas. Luego se la clarifica quitándole la espuma y se retiran los huesos de la carne. Al final se añaden las hierbas frescas y los condimentos.

Dado que lleva tanto tiempo su preparación, la variante de caldo para llevar que se impuso en Estados Unidos es una buena opción para quienes trabajan. Sin embargo, quienes disfrutan de la cocina deberían intentar alguna vez preparar un caldo casero. Se puede hacer en grandes cantidades y guardarlo. En un recipiente bien cerrado, dura hasta un mes en la nevera. Incluso se puede congelar la sopa hasta por medio año.

dpa