Cómo cuidar la nutrición en la tercera edad

Por Karin Willen (dpa)

Cuando uno es joven suele subirse con bastante frecuencia a la balanza, o hace el esfuerzo de dejar los dulces y de saltearse alguna comida para no engordar. Al avanzar en años suele suceder todo lo contrario: uno no tiene apetito. No hay modo de que le den ganas de comer, no importa si la comida parece una delicia. Tampoco siente sed. Esto encierra algunos peligros, como el de la falta de nutrientes, que es un problema muy frecuente en la tercera edad.

¿Cómo se puede dar cuenta uno si sus padres o abuelos se están alimentando correctamente? Por lo general, un indicio claro es el estado del cabello y de las uñas, que tienden a quebrarse más cuando faltan nutrientes. La falencia también puede manifestarse en posibles infecciones de la mucosa bucal, las encías o los labios.

Por supuesto, cuando la persona mayor requiere de muchos cuidados, puede ser que esos síntomas aparezcan aunque esté bien nutrida. “Pero la pérdida de peso repentino siempre es una señal de alarma”, dice el médico especialista Rupert Püllen, de Frankfurt.

Si la persona dijera sentir cosquilleo en las manos y pies o perder el tacto en algunas zonas, hay que acudir al médico. Lo mismo si a veces parece perdida. El médico debe investigar qué sucede y determinar si el paciente debería cambiar de dieta.

Un modo de reforzar la alimentación es utilizar más condimentos, que tal vez ayuden a abrir un poco el apetito. El hinojo, el romero y el comino, por ejemplo, suelen estimular el hambre. También ayuda salir un rato al aire libre antes de comer.

Además, es bueno observar que la alimentación sea balanceada y que el plato tenga la mayor cantidad posible de colores, porque si bien se pueden tomar pastillas para reforzar algunos nutrientes, no hay mejor manera de incorporarlos al organismo que a través de las comidas.

Si la persona mayor vive sola y no suele tener ganas de cocinarse todos los días, lo mejor es que arme un grupo en el que se turnen. Por ejemplo, si son cuatro personas, a cada una le toca hacer las compras y cocinar para los demás cada cuatro días. De ese modo, uno comparte un momento agradable con otros y además no descuida su alimentación.

En cambio, si una persona mayor no pierde peso y suele estar al aire libre, no hay de qué preocuparse. En esos casos basta con ir dos veces al año al médico para hacer un chequeo general.