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Jueves 30 Marzo 2017
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En el Tintero

Por Jessica Rosales

¿Y las pruebas?

Caló, y muy hondo, el spot de Jesús Berino Granados, el priista que se registró como el otro precandidato a la Gubernatura de Coahuila. Gran polémica desató el mensaje electoral, sobre todo en la parte en que señala “que no te den PAN con lo mismo, no permitamos que familiares del narco o la delincuencia regresen vestidos de azul o de naranja”.

Seguramente la indirecta fue muy directa para quien se puso el saco, pues no tardó en darse la réplica de Guillermo Anaya Llamas, quien en la desesperación tomó en sus manos un tema para acusar a los de enfrente de lo que no tiene la más mínima prueba.

Lo primero fue curarse en salud, Guillermo Anaya advirtió que el PRI utilizaría sus presuntos vínculos con el narco. Se refería al tema que destapó la revista Proceso en 2010: “Sergio Villarreal Barragán, ‘El Grande’, líder del cártel de Los Beltrán Leyva, declaró haber recibido protección de parte del exsenador del PAN cuando este era alcalde de Torreón, entre 2003 y 2005”, (Proceso, 20 de noviembre 2010).

Proceso publicó en un artículo del periodista Ricardo Ravelo titulado Testigo Estelar que el criminal declaró a las autoridades haber gozado, gracias a Anaya, de una escolta personal, así como de agentes para que custodiaran el traslado de sus cargamentos de cocaína y dinero.

Continúa la publicación: “Pero, en su intento por desmentir una presunta relación con el narcotraficante Sergio Villarreal Barragán, ‘El Grande’, el entonces senador demandó por daño moral al corresponsal de Proceso, al coahuilense Arturo Rodríguez García.

En 2006, Anaya era senador electo cuando el presidente Felipe Calderón aceptó ser padrino de su hija. El bautizo se llevó a cabo en la zona más lujosa de Torreón, con vigilancia del Estado Mayor Presidencial.

El 4 de marzo de 2007, en la edición 1583 de Proceso se publicó el reportaje Infiltración Total, de Patricia Dávila, en cuyo crédito se añade: “Con información de Arturo Rodríguez”.

Un párrafo se refiere al bautizo: “Antes de que Felipe Calderón asistiera a la boda mencionada (la del diputado panista Jorge Zermeño), realizó otra visita a Torreón, el 24 de agosto pasado, para bautizar a la hija del panista y exalcalde Guillermo Anaya Llamas. Entre los invitados se encontraba Sergio Villarreal Barragán, ‘El Grande’, quien es hermano de Adolfo Hernán Villarreal, esposo de Elsa María, hermana de Guillermo Anaya Llamas”. Por ese párrafo, el senador demandó al corresponsal de Proceso, Arturo Rodríguez, por 3 millones de pesos, pero no a Ravelo ni a Dávila, quienes consignaron datos más precisos, sólo al coahuilense.

Era el sexenio de Calderón, así que su compadre Anaya logró salir avante, incluso recibió una “carta” de la PGR en la que lo exonera de las declaraciones del capo, documento que jamás nadie ha obtenido. Miles de encarcelados injustamente salen después de años sólo con un “usted disculpe”, en cambio, él, sin pisar una celda, obtuvo una carta de Marisela Morales, la exprocuradora.

Ahora Anaya declara que funcionarios priistas sí están vinculados con el narcotráfico. Que no se equivoque, en primer lugar, no todos los funcionarios que señala eran o son priistas; y en segundo, todos, absolutamente todos, políticos o no, fueron exonerados.

Las víctimas del “coahuilazo” fueron exonerados no por una carta mediática, como fue en su caso, sino con juicios concluidos y con total validez legal.

Anaya busca votos a costa del bienestar de varias familias. Si continúa con sus acusaciones burdas, que no espere acciones en su contra de los priistas, sino de ciudadanos comunes que aún sufren las consecuencias de un Gobierno federal corrupto, el que lideró su compadre. Familias que aún enfrentan las terribles consecuencias de una venganza política que arrastró a inocentes que perdieron patrimonio, salud y familia, y que a la fecha no han logrado recuperar.

Dicen los afectados: “el que se lleva se aguanta” y pues habrá que ver si Guillermo Anaya puede enfrentar la réplica y el juicio ciudadano por desviar sus acciones contra la sociedad en un afán de dañar al priismo coahuilense sin éxito. ¿O acaso ha hecho alguna declaración contra Jesús Berino Granados, ese que generó el mensaje que derivó su enojo? Obviamente no.

Valdría la pena que le aconsejaran que antes de declarar algo tenga las pruebas en la mano, porque muy pronto podría evidenciarse, con pruebas, a un precandidato difamador y farsante.